Uncategorized

El “ser” y el “deber ser”

By 24 septiembre 2020No Comments

Inestimables lectores.

Supongo que ya habréis leído los artículos sobre extravagancia y hecho social. No será porque no os he dado tiempo… me he ido a Japón incluso, para no presionaros. En la presente serie de artículos reflexionaremos sobre una cuestión cuyo abordaje confieso que me resulta muy ambicioso. Se trata de algo en algún aspecto complementario con lo ya explicado. Introduciré el tema mediante una anécdota personal:

Me encontraba impartiendo una clase en un gimnasio, cuando Eva, una alumna de cinco años me impactó porque en tan solo tres clases estaba avanzando mucho más rápido de lo que yo avancé en su día. Con la intención de animarla, le dije:

-Eva, si sigues entrenando así de bien, cuando seas mayor serás alta, flexible, resistente, ágil, guapa, y vas a tener muchos novios.

Solo se puede tener uno -respondió convencida-.

¡Qué bello concepto del amor con solo cinco añitos! Bien, ahora volved al mundo real y poneos las gafas sociológicas.

ser-deber-conflicto-normas

¿Qué tenemos? Una niña que con cinco años ya asegura saber como debe ser una relación con un convencimiento sorprendente. Pueden pasar quince años hasta que ella tenga algo similar a lo que luego comúnmente entendemos como relación de pareja, pero mucho antes ella ya ha heredado un “deber ser, una idea normativa de relación. Esta es la tesis principal sobre la que pretendemos reflexionar en este texto: en la mayoría de casos, aprendemos cómo deben ser las cosas mucho antes de enfrentarnos a cómo realmente son -a través de nuestra experiencia-. Desde la jerga sociológica, se dice que solemos aprender antes lo normativo que lo positivo.

Un joven de 13 años tiene una idea de cómo debe ser el sexo mucho antes de haberlo practicado, o de haberlo practicado las veces suficientes para tener una idea propia.

Esto resulta funcional a la sociedad e incluso podemos decir que es consecuencia de nuestra naturaleza social: al llegar a este mundo entramos en un club que ya existía, y que seguirá existiendo cuando nos vayamos. Una sociedad con sus normas, valores, aspectos cognitivos, creencias, signos… Por lo tanto resulta funcional que en la socialización (de la cual hablaremos más detenidamente en futuros artículos) nos enseñen reglas de juego antes de tener que jugar. Esto nos ayuda a predecir situaciones y reducir el grado de incertidumbre en la interacción con el mundo. De hecho, en las ocasiones en las que no tenemos un “deber ser” de referencia nos sentimos desorientados[1].

DISTANCIA ENTRE CÓMO DEBE SER Y CÓMO ES

Sí, aprender las reglas antes de jugar es en ocasiones funcional, pero continuamente nos encontramos con que las cosas no son como creemos que deben ser. En ocasiones media una distancia enorme entre cómo consideramos que la realidad debe ser y cómo esta es. Tomemos por caso:

Millones de personas tienen una idea de cómo debe ser el día de su boda, aunque no se hayan casado ni piensen hacerlo.

-El día de mi boda debe ser el día más feliz de mi vida.

¿Y si no lo es?

En este caso -extensible a miles de ejemplos distintos- se describe un ciclo como el siguiente:

  1. Aprendemos antes “el deber ser” que el “ser”.
  2. La experiencia nos muestra cómo son las cosas.
  3. La versión normativa y la práctica no coinciden, lo cual nos predispone al conflicto

No es raro que luego nos extrañemos cuando los planes no salen como esperábamos, cuando ninguna familia es como “debe ser”. No es extraño que rechacemos entonces al que no siente lo que se supone que debería sentir, al que no se comporta como se supone se debería comportar…

Es por ello que como sugiere el genial psicoterapeuta americano (de origen austríaco) Paul Watzlawick:

la mayor fuente de angustia humana, de tensiones e incomodidades proviene de la contradicción que genera la diferencia entre lo que algo debe ser y lo que realmente es.

En el punto 3, que aborda el conflicto, hay como mínimo dos opciones: aceptar la realidad tal como es y desenvolverse en ella, o bien luchar por adaptarla a nuestro “deber ser”. No sé si os sorprenderá, pero en la mayoría de casos solemos tratar de hacer lo segundo, con el mismo éxito que quien se empeña en fijar un clavo en la pared martillando la punta.

La lista de “deber ser heredados” no coincide precisamente con las vivencias imprescindibles que nos hacen felices, sino más bien todo lo contrario. El gran escritor norteamericano Mark Twain dijo que la realidad siempre supera la ficción, porque esta última tiene que tener sentido en nuestras mentes, enmarcarse dentro de los límites específicos de ese entorno ficticio que es el deber ser normativo. Es por ello que muchas personas se empeñan en adaptar la realidad a esa ficción cueste lo que cueste y terminan malgastando su precioso e irrecuperable tiempo en un intento por amoldarse a algo demasiado pequeño y rígido para alojar sus realidades.

[1] . Aun así, estas ocasiones son escasas. Entre los ejemplos que he encontrado en mi experiencia, está desde el tener que moverme en un país con normas realmente distintas a las de la sociedad española -hablo de algunas partes de la India-, a tener que enfrentarme a una ruptura de pareja. Los individuos tenemos más claro cómo debe empezar una relación, que cómo debe cambiar o finalizar. Os diré, para no meterme demasiado en estos casos, que en las situaciones donde no hemos heredado un “deber ser” de referencia hay un alto grado de incertidumbre y en ocasiones incomodidad, pero a largo plazo se aprende mucho más y se logran soluciones mucho más eficaces.

¿Cómo construimos nuestras ideas normativas o el “deber ser”?

Pensemos en la idea normativa de relación: Antes de tener una relación, yo ya vengo de serie con una idea de cómo debe ser, una idea que es una mezcla de los estímulos de mi entorno social, lo que he visto en televisión, lo que me han contado… pero lo más peligroso es que probablemente llegue a creer que es una idea propia: creada, reflexionada y aceptada conscientemente por mí. ¿Seguro? ¿O sólo soy como la niña que mencionaba en la primera parte?

Nos llegan ideas por una puerta trasera que probablemente ni siquiera sabemos que existe. Por ello generar ideas propias supone un ejercicio enorme de experiencia y reflexión. En el sentido literal del término reflexionar, es decir: “considerar nueva o detenidamente algo”.

formar-nuevos-criterios-ideas-rechazo-social
Una vez que reflexionamos racionalmente puede que el resultado, la definición obtenida, coincida o no con lo que se nos dijo que algo era, pero ya nos encontramos en otro nivel, en un espacio específico. Por ello no es mala señal cuando una idea nueva nos parece poco intuitiva, paradójica, o resulta extraña para la mayoría de la gente.
Nótese que el problema no es tener expectativas o ideas sobre cómo deben ser las cosas. La cuestión sobre la cual nos interesa reflexionar es si esas ideas nos ayudan o no a ser felices. Sí, felices. No estamos aquí para otra cosa por poco que lo mencionemos. En este sentido, cuidado con lo que consideramos normal, ya que puede ser nuestro peor enemigo.

Tampoco creamos que forjar un criterio propio es una cuestión que emerge automáticamente de los individuos, dado que la sociedad, como señalamos en la primera parte, está plagada de reglas y normativas heredadas, el proceso de aprendizaje y de creación de criterios propios encontrará como mínimo una buena dosis de resistencia social. Ya hablamos sobre el hecho social, la resistencia y las ventajas de extravagar en los tres artículos sobre “El hecho social y la extravagancia”.

Ante todo tenemos que estar preparados para que nuestras nuevas ideas y nuestros nuevos criterios se vean cuestionados por un colectivo que no estará precisamente predispuesto a aprobarlos y mucho menos, a probarlos.

Si me habéis seguido hasta aquí me diréis: bien Javi, pongamos que algo de razón tienes, pero, ¿cómo puedo cambiar mis ideas normativas?
¡Buena pregunta!

Primero tengamos en cuenta tres reglas. Cambiar una idea normativa (un “deber ser”) siempre será más fácil cuando:

más frustración provoque la idea normativa heredada cuando la contrasto con la realidad(un profesor que asume que los alumnos deben ser disciplinados por el mero hecho de ser alumnos, si lleva cinco años de docencia enfrentándose a alumnos que no lo son, experimentará frustración, y le resultará útil cambiar su definición para enfrentarse de modo más eficiente a la realidad);

− más funcional resulte la nueva idea respecto a la anterior(más felicidad y satisfacción genere la nueva concepción).

− menos personas se vean afectadas o focalizadas en el cambio(es más fácil convencer a tu chico de que no tiene sentido ser celoso que convencer a todos tus vecinos).

Teniendo en cuenta estas tres normas, voy a aplicar la sustitución de ideas normativas heredadas por ideas normativas propias, básicamente mediante la reflexión. Daré varios ejemplos. No serán cortos, ya que la sustitución de ideas heredadas conlleva un proceso muy estimulante y retador que se compone, por lo menos, de las siguientes fases: autoconocimiento, generación/sustitución de la nueva idea normativa, acción y comprobación.
Al igual que sucedió con los artículos sobre extravagancia, ahora que tenemos un trasfondo teórico sólido podemos volcarnos en los casos prácticos que tanto nos gusta a los devotos de San Ejemplo.

 

EJEMPLOS EN EL ÁMBITO SEXUAL

Ejemplo 1. Ámbito sexual.

El ámbito sexual está plagado de ideas normativas. En parte porque la televisión emite series de adolescentes de instituto con vidas sexuales de adultos promiscuos y sexualmente liberados… cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

El siguiente caso es real:

Rosa y Martín están muy enamorados. Disfrutan mucho uno del otro. Cuando no están juntos se van a dormir pensando uno en el otro, y cuando se despiertan el otro en el uno. Ahora bien, llevan dos meses y ella no llega al orgasmo.

Esto les genera un cierto estrés. Rosa y Martín hacen como que no les importa demasiado, pero ella ya se lo ha planteado a dos de sus amigas, y él busca información en internet. Ambos se estresan un tanto, él porque cree que no está dando todo lo que debe darle, y ella porque ve la frustración de él y cuando practican sexo no puede evitar pensar en “el problema”, lo cual dificulta aún más el orgasmo.

Reflexionemos. Aquí hay un “deber ser” de fondo: una pareja completa debe dar y recibir una calidad sexual similar, la cual tiene como máximo indicador los orgasmos.

Con esta idea normativa, Rosa y Martín sienten que algo falla. Recordemos las fases para cuestionar y sustituir las idea normativa: autoconocimiento, generación/sustitución de la idea normativa heredada, acción y comprobación:

Autoconocimiento y honestidad. ¿Qué quiero realmente? En realidad, tanto Rosa y Martín lo que desean es seguir estando juntos cuando se levantan por la mañana. Ellos son un fin en sí mismos, ninguno de los dos conoce mayor goce que el de estar juntos, estén en la cama o estén jugando al tenis. Les encanta el sexo, ambos sienten que dan y reciben amor y placer. Si lo piensan, realmente están satisfechos. Y lo que realmente les incomoda es pensar que quizá la otra persona no se encuentre satisfecha, y no se atreva a decirlo.
Ya hemos visto el efecto que produce la idea normativa: estrés. Podemos sugerir un nuevo y propio “deber ser” como: una pareja de éxito debe disfrutar del sexo como una forma más de comunicación. Ver que el buen sexo, como la comunicación, no está solo en la cama, ni solo en el orgasmo, sino que impregna todos los ámbitos de la relación. De este modo se entiende que el placer, afortunadamente, no está exclusivamente en la eyaculación ni en el orgasmo. Está y puede ser disfrutado en cada mirada, beso, mordisco, olor, sabor, sensación, en el placer de dar placer… de modo que en ocasiones se llegará al orgasmo, y en ocasiones no. Pero el orgasmo no es el fin de nada.
Acción. En el caso de esta pareja, la acción será la comunicación con honestidad de la nueva idea. Advertencia, si no se cree en la idea, probablemente esta fracasará. No sugiero que os hagáis los genuinos hasta que seáis genuinos. Sugiero que busquéis los “deber ser” en los que realmente creáis y deseáis. En este caso, sugiero que la pareja enfatice la pequeñez de su “problema” en comparación con la cantidad enorme de motivos que esta pareja tiene para sonreír y disfrutar. Considero que es completamente sensato y saludable desdramatizar el asunto.
Comprobar si la nueva idea normativa resulta más funcional o no. En este caso, es probable que la pareja empiece a disfrutar más del sexo (y paradójicamente, a tener más orgasmos, al anular el estrés de no estar cumpliendo con el “deber ser” heredado). Comprobamos: ¿se adapta mejor a la realidad y me hace más feliz? Con la idea original, el sexo era bueno si había orgasmo. Con la idea propia reflexionada, el sexo a veces puede ser increíble sin llegar al orgasmo, y otras veces tan trascendental como una conversación sobre el estado del tiempo, aunque haya habido orgasmo.

Por otra parte, la idea normativa que sugerimos en este ejemplo la considero mucho más funcional que uno de los “deber ser” más extendidos que existe, probablemente por herencia de la cultura pornográfica: “el sexo finaliza con la eyaculación masculina”. Esta idea normativa hace que muchas mujeres se sientan frustradas si el hombre no ha llegado a eyacular. Y que muchos hombres se estresen pensando que si eyaculan demasiado pronto todo habrá acabado y si no eyaculan ella puede pensar que no es lo suficientemente atractiva. Así definido, no es raro que se dé una situación en la que ambos estén pensando en el fin en lugar de disfrutar el momento, en lo genial, hedonista y feliz de cada milímetro del camino sexual. Como en otras cuestiones de la vida, esto va de no preocuparse tanto por el destino al que llegar y disfrutar más el viaje.

Me consta que algo similar comunicó un buen amigo a una preciosa mujer que en cierto momento le pidió disculpas porque “nunca llegaba al orgasmo con la penetración”.

¿Perdona? Nuestro amigo sustituyó la idea normativa que atormentaba a la joven por no alcanzar “el deber ser heredado”. Un deber ser que le había hecho preocuparse con otros hombres hasta el punto de sentir que debe pedir perdón. Es de locos. Una vez asumida una nueva idea normativa similar a la sugerida en el punto 2, ella empezó a disfrutar y ver lo fabuloso de cada instante con él, y cuando por fin se despreocupó… tuvo por primera vez orgasmos con la penetración.

Una cuestión crucial sobre la que volveré es que niego rotundamente que haya un “deber ser” que sea más cierto, más objetivamente útil o mejor que otro. Lo que pretendo con esta serie de artículos es que estemos en guardia contra nuestros “deber ser heredados”, y que consideremos si nos resultan funcionales. La cuestión de fondo es que según como cada uno defina la situación, sentirá unas cosas u otras (principio básico de la psicología cognitiva).

Por último, segunda advertencia para los críticos más agudos: tratar de ajustar mi idea sobre cómo debe ser el mundo a como realmente es, no implica una resignación inmóvil y estéril. Desde mi punto de vista implica madurez e inteligencia. Los protagonistas del ejemplo no solucionan el problema diciendo: “es normal no tener orgasmos”. Lo que hacen es considerar que “nos da igual si es normal o no tener orgasmos durante estos meses que llevamos de relación, lo importante es que nos encanta estar juntos, disfrutamos cada instante, y además en el corto o largo camino a descubrir cómo darnos orgasmos nos lo vamos a pasar en grande”. Se trata de una solución que comprende que ambos tienen motivos objetivos de sobra para sentirse felices.

EJEMPLO EN UNA RELACIÓN DE PAREJA

Ejemplo en una relación de pareja:

María me encanta. Me fascina. Cuando me habla de su pasado me siento afortunado de estar con ella. Pero hay un problema, de vez en cuando se escribe con su antiguo novio. En este caso  sin reflexionar sobre ello ya tengo un “deber ser heredado” que sin ninguna duda me hace sentir celoso. Aquí el deber ser que muestran muchas series de televisión es algo así como:

“Si mi pareja me respeta no debe mantener contacto con su ex. Y yo debo imponerme”.

Reflexionemos con el proceder que ya explicamos en el artículo anterior:

Autoconocimiento y honestidad. Ya he dicho que me encanta María. Si soy honesto, yo soy como soy gracias a las parejas que he tenido. Eso significa que por mucho que me cueste reconocerlo, si María no hubiese tenido ese novio ella sería distinta. Sus relaciones pasadas forman parte de ella, y yo no tengo potestad para decirle lo que debe hacer con ellas, como ella no tiene potestad para decirme cómo debo comunicarme con mi ex a la que además le tengo cariño.
Generación y sustitución de idea normativa. Sugiero en este caso: “debo respetar la manera como mi pareja gestiona su pasado, y además tener en cuenta que ese pasado es la que la ha hecho atractiva a mis ojos”.
Acción. He cambiado mi idea normativa, pero no soy tonto y sé que María es un bombón y que los exnovios no buscan precisamente amistad. Con la nueva definición ya no debo echarle en cara que hable con él. ¿Qué puedo hacer? Entender que quien tiene las oportunidades soy yo. Ella hablará con él de vez en cuando, pero es conmigo con quien queda, con quien pasa la tarde cocinando y riendo, y  con quien estará el próximo fin de semana a solas en una casita rural. Buena suerte, ex-novio, porque María me ha elegido a mí y yo pienso aprovechar mis oportunidades.
Comprobación. Huelgan los comentarios

Por último, un ejemplo más ligero y común, en una conversación:

Recuerdo que en uno de los últimos podcasts, Álvaro trataba de conocer a una chica en la cafetería de la universidad. Ella se lo estaba pasando genial, pero en cierto momento, no importa mucho por qué, le pone una barrera de estilo “deber ser”:

-La gente interesante se conoce en lugares interesantes. (Aquí ella comunica mediante un “deber ser” nada funcional que Álvaro puede no ser interesante porque la cafetería no lo es).

-¿Y de veras lo crees? ¿Nunca has conocido a alguien interesante en un lugar no interesante? (Muy bien, Álvaro la invita a que reflexione, apelando a su propia experiencia y modificando un “deber ser” heredado que probablemente ni la propia chica se cree).

De un modo muy resumido, Álvaro disuelve un “deber ser” completamente disonante con la realidad que él conoce: la gente interesante se conoce en cualquier sitio.

Otro ejemplo en conversación,

que es relativamente cotidiano, es encontrarnos con alguien que nos atrae pero objeta que “somos demasiado jóvenes”. Ahí hay un deber ser: “mi pareja debe tener una edad cercana a la mía”. Os lo voy a dejar para vosotros. Me sentiré muy satisfecho si a través de los comentarios alguien propone un “deber ser” que le resulte más funcional. Si queréis, en unos días daré yo mismo una solución. Propiciemos pues el intercambio de ideas en este artículo con vuestros comentarios que ya he escrito muchas líneas y estoy deseando leer las vuestras.

RESUMIENDO Y CONCLUYENDO

Tenemos dos opciones, procurar a toda costa que nuestras ideas concuerden con el “deber ser heredado”, o intentar que sean propias y funcionales para acercarnos a nuestra felicidad. Por cierto, de felicidad precisamente hablaremos pronto en esta sección.

Para finalizar, insisto y probablemente no por última vez: Egoland Seducción siempre se ha caracterizado por no deciros cómo debéis de ser. Ni tenemos la verdad absoluta ni pretendemos tenerla. Probad, cuestionad, interiorizad, desechad lo que no encaje con vuestra forma de ser y pensar. Pero eso sí, os sugerimos que reflexionéis sobre vuestra manera de pensar y de dónde viene. Ningún “deber ser” os será tan útil como el que vosotros mismos elaboréis y contrastéis con la realidad.

Contento de escribir. Javier Santoro

PD: como ya sabéis, vuestros comentarios enriquecen este artículo y serán todos contestados. Además, con cada comentario nace un gatito.

Leave a Reply

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies. Mira nuestro aviso legal.

ACEPTAR
Aviso de cookies