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Alteridad

By 25 septiembre 2020No Comments

Alteridad, exterioridad u otroridad: Es un metaconstructo filosófico subjetivo, individual e interno, fuertemente marcado por la dualidad, ya que se refiere a la capacidad de considerar a la persona con la que estoy interactuando desde mi propia posición.

Es decir, la capacidad de alternar mi propia perspectiva por la del otro, e incluso la capacidad de “ser otro”, y por tanto de descubrir a los demás (debilidades, capacidades, fortalezas, intereses…). Significa el abandono de la yoificación y apertura al conocimiento del otro como identidad distinta de la mía e igualmente legítima.

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Esta capacidad es especialmente útil a la hora de calibrar y vincular y por tanto nos asegura una mayor eficacia en nuestras interacciones. Por el contrario la ausencia de alteridad nos puede acarrear graves problemas a la hora de relacionarnos: cuando un hombre judío entabla una relación con una mujer católica, la alteridad es indispensable para entender y aceptar las diferencias entre ambos. En cambio, si se registra una escasa alteridad, la relación será imposible ya que las dos visiones del mundo sólo chocarán entre sí y no habrá espacio para el entendimiento. Como veis, la alteridad es un proceso de comprensión inherente al ser humano, valido para cualquier fenómeno social, que se manifiesta en cualquier contexto cotidiano y es por eso que debemos trabajarlo y manejarlo con soltura si queremos tener éxito en nuestras relaciones con los demás. La clave es conocer (analizar y calibrar) y entender al otro o empatizar con él.

Su uso actual se debe a Emmanuel Lévinas, en una compilación de ensayos bajo el título Alteridad y Trascendencia.

La alteridad se relaciona, e incluso es el centro de todos estos conceptos: empatía, reconocimiento, reciprocidad, experiencia, diversidad, igualdad, aceptación, unidad, ética, sociabilidad, multiculturalidad, responsabilidad, tolerancia, encuentro, cosmovisión, arquetipos, respeto, dialogo, sinceridad, prudencia, noosfera, etnocentrismo, espiritualidad, filosofía, política, religión, autoafirmacion, pertenencia, confianza, escencia, ortedad, heterodoxia, prospectiva, significación, heurística, epistemología, propositiva, ontica, naturaleza, ciencia, cognición, emoción, comportamiento, arte, diseño, teleología, innovación, ideas, conceptos, creatividad, enfoque, visión, opinión, reflexión, comprensión, humanidad, diversidad, lenguaje, ingenio, destreza, devenir, imaginar, significado, crear, critica, tradición, horizonte, futuro, interpretaciones, intereses, alternativas, desencriptar, poética, cívica, espíritu, signo, paradigma, ideal, onírico, opuesto, utopía, intereses, instrumento, modelo, transformación, contexto, evolución, estrategia, pensamiento, prever, consciente, racionalización, coherencia, costumbres, perspectiva… y muchos más.

Como no podemos desarrollar aquí todos, te invito a que si no conoces el significado de alguno,  lo investigues en la red para ampliar esta información.

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Beneficios de una buena alteridad: El término “alteridad” se aplica al descubrimiento que el “yo” hace del “otro”, que a su vez es otro “yo”, que nos ve a nosotros como un “otro” y también nos examina, lo que da mucho juego. Durante este proceso, que se da continuamente en cada uno de nosotros, surge una amplia gama de imágenes del otro e incluso de nosotros mismos. Es decir, nos permite conocernos mejor.

Tales imágenes, más allá de las diferencias, coinciden todas en ser representaciones más o menos inventadas de personas antes insospechadas, radicalmente diferentes, que viven en mundos distintos dentro del mismo universo, lo cual es muy divertido y nos permite aprender muchas cosas sobre nosotros mismos y los demás ¿enriquecedor no?

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Los peligros de una mala alteridad.

En narci (o nazi) cinismo-yoico. Pensar que mi concepción del mundo es la única y verdadera y encima cabrearme ante la evidencia de que no es así. Este tipo de personas terminan percibiéndose como tóxicas y se quedan solas.

Alienación. El ser en otro dejando de ser uno mismo. Ocurre en personas extremadamente dependientes a veces, que se vuelven posesivas y celosas hasta el punto de no dejarte vivir. Estas personas terminan percibiéndose como tóxicas y se quedan solas.

Psicopatía: En tanto en cuanto la alteridad se relaciona con la empatía, la falta de alteridad extrema puede llegar a parecer una psicopatía sin serlo. Algunas personas temen lo que son incapaces de conocer y comprender y se vuelven agresivos u odian exacerbadamente para ocultar sus inseguridades como fue el caso del ku klux klan. Estas personas terminan transmitiendo mal rollo o algo peor e ídem de ídem de lo anterior.

Un claro ejemplo que aunaría los tres casis es cuando una cultura pretendidamente “superior” intenta conquistar a otra culturalmente distinta como fue la colonización de América, los conflictos africanos entre hutus y tutsis, genocidio nazi, y otras barbaries. Esto se contradice con el acogimiento y la ética que se presupone a la alteridad.

Otros peligros de alteridad alterada o insana son la discriminación, cosificación, autarquía del yo, tensión y violencia, ecpatía y utilitarismo. Al igual que las anteriores, se consideran aptitudes inadaptadas en sociedad y provocan rechazo.

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¿Cómo se forma la alteridad?

Todos pre-establecemos pre-juicios en los otros, simple y automáticamente desde nuestra historia, generando conclusiones sobre los demás, discriminando e incluso negando al otro por las diferencias de identidades que buscan siempre la afirmación y reconocimiento a través de la IDENTIDAD para unos y la ALTER-IDAD para otros, con el fin último de aumentar nuestra seguridad al reafirmarnos. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente es así. Dependiendo de nuestra escala de valores, existirá (como hemos visto) una alteridad “buena” y una “mala”.

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La alteridad, por tanto, es un componente importante, en la formación de un individuo, sus bases, se originan, en la sociabilización con los seres que los rodean, es decir, la convivencia, tolerancia y preocupación por el otro. En esto influye su  genética, educación familiar y social desde los primeros años de vida. Para trabajarla, es necesario vivir, experimentar… considerando y teniendo en cuenta el punto de vista, la concepción del mundo, los intereses, la ideología de los demás; y no dando por supuesto que la «de uno» es la única posible, con el fin de crear o ampliar mi conciencia y si es necesario, cambiar de enfoque o de paradigma. Es decir, ver el mundo desde distintos ángulos, clasificando y enjuiciando a las personas, objetos, paises, religiones, etc., desde la historia personal, donde el énfasis se pone en la percepción del mundo, que me vincula a unos y automáticamente me diferencia de otros… eso es todo, asumir los “juicios” como son, no verdades absolutas sino como juicios temporales con distintas HISTORIAS. Por eso el vivir como seres sociales consiste en un CON-VIVIR con la diferencia de identidades y sus propias alteridades…

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Hoy en día, las personas, y por tanto la sociedad, están en constante cambio, de nacionalidad, sexo, profesión, estado civil, nivel económico, religión, tribu, edad, música, etc., y nos obliga a re-inventarnos cada vez para satisfacer nuestra necesidad de pertenencia, reconocernos e Identificarnos con confianza. Debemos, por tanto, no solamente ser consciente del otro, para aumentar nuestras capacidades relacionales, sino trabajar nuestra propia identidad partiendo de nuestros propios fallos. Un buen ejemplo es el muy frecuente caso de los hombres educados en el machismo, que cada día  más ven cómo las mujeres de hoy en día, que no aceptamos este tipo de actitudes, les rechazamos una y otra vez. Al no ser conscientes de nosotras y de sus propios fallos, pasan toda su vida dándole vueltas a la infinidad de posibles razones de su fracaso en las relaciones con las mujeres que les rodean. En este caso sus pensamientos e ideas “limitadas”, a su vez les limitan a la hora de tener relaciones sanas, naturales y exitosas, porque a su lado las mujeres se sienten menospreciadas y no tenidas en cuenta y esas sensaciones negativas les hacen huir de ellos.

Trabajar la alteridad es un proceso de superación personal, y por lo tanto no es fácil. Tus pensamientos, sueños, actos, emociones… forman parte de ti. El error está en presuponer que los demás tienen la obligación de pensar, soñar, sentir y actuar como tú. Las personas que tienen este tipo de  prejuicios, sufren mucho en la vida cuando ven que sus ideales no se cumplen (“como yo me porto bien con los demás, los demás deben portarse bien conmigo”. “Si yo trabajo duro, merezco un ascenso”. “Si yo le amo, él debe amarme”. “La vida debe ser justa”…)  ¿Dónde pone que esto sea así?

No lo es, la vida no es justa y nuestra vara de medir no vale para todo, por lo que necesitamos distintos puntos de vista para tener distintos raseros y así poder adaptarnos a cada situación (saber estar), tanto mental como comportamentalmente. Esto nos aportará confianza en nosotros mismos y también hará que los demás confíen más en nosotros. Por eso lo importante en la alteridad es examinar y comprender desde la objetividad sin generarse expectativas, conocer otras gentes, otras culturas y modos de pensamientos y aprender de ellos, tener más cosas que compartir y ser más feliz. Eso te hará más interesante y atractivo, porque la diversidad no es solo una de las características intrínsecas del hombre, sino una de sus principales necesidadades vitales y sociales.

ANA

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